¡Perdón, lo siento, nunca fue mi
intención!
Que bonito es comenzar la semana
cometiendo errores, consciente de que esos errores son gotas afiladas que
perforarán en un momento dado la paciencia de alguien más.
La semana, tranquila según Morfeo
(personaje mitológico relacionado con los sueños), dio inicio con desacomodos, anuncio
de: ausencias pronunciadas o despidos, lágrimas (que en esta ocasión no me tocó
derramar) y una súbita cachetada al agradecimiento con una sobredosis de
realidad.
Aquel innombrable personaje que
llegó a mi vida a provocar desilusión y confusión, ahora ya no está aquí, sus
acciones lo han sacado del redil, dónde vacas, toros, vaquillas e incluso
conejillos de india solían transitar, sus disculpas a mí no me alcanzaron, su
imagen está hecha de barro, sus mentiras llegan hasta el cielo, pero eso ya no
debe afectar. Su vuelo está muy lejos de mi cielo.
Por otra parte… ¡Hay vida, qué duro
es saber que un niño tiene que dar todo lo que posee para tan siquiera intentar
sobrevivir a una despiadada enfermedad!
¡Perdón Dios, últimamente no he
agradecido lo suficiente!, fue mi reacción después de visitar la casa de una
pequeña que lucha contra una enfermedad diagnosticada tan solo hace un año,
pero que ya fue capaz de dictar sentencia, los médicos dicen que a la nena sólo
le quedan meses de vida.
La niña, también ha emprendido un
vuelo, un viaje que su progenitor no tiene la capacidad de realizar. Sus alas
de ángel están cubiertas de oro, son invaluables. Su joven madre, es la
pulidora real, las cuida, las protege, las mima, las arrulla, intenta crear la
manera de que el peso provocado por las alas no cansen a su bebé.
Le canta: “No llores más mi
pequeña, mamá jamás te dejará, cuando cierres los ojos ningún monstruo te tocará,
duerme mi pequeña, ya no llores más, mamá te arrulla y el dolor se irá”.
“¡Perdón mami! Ya no quiero que
estés triste, ve a dormir a tu cama, ellos me cuidaran. ¡Perdón mami! Te
prometo no llorar más, ve a casa esto algún día terminará”.
La semana ha tenido una replica de
disculpas, impartidas en todos los extractos de la cotidianidad. Unos
laborales, otros sentimentales, otros espirituales, quizás unos afectan a
multitudes, quizás otros cambien un rol de desempeño o probablemente las
disculpas emitidas no signifiquen nada. Pero en algún momento, en algún lugar
el sonido de la disculpa volverá a sonar.
¿Lo emitiré yo con verdadero
compromiso para cambiar mis actos, o simplemente será un sonido que se lleve el
viento?